Será la lluvia

Qué tendrán los días grises que nos hacen mas profundos. Que nos retuercen las penas, a la vez que nos hacen firmar una tregua con nosotros mismos. Qué tendrán para que evoquen a los recuerdos que adormecen mudos y solo se asoman en estos días de suelo mojado y edredón caliente. 

Por qué será que pensamos en ser valientes o en por qué no lo fuimos, en que la luna tiene que afectarnos más de lo que cuentan, en que tu madre siempre tendrá razón y en leer ese libro pendiente enganchado al polvo de la estantería.

Qué sería de nosotros sin estos días. Sin pedir tiempo muerto a las faldas de verano, sin vivir la penitencia de pensar en la vida. Dias grises y corazón pausado. Dias de lluvia y cola-cao templado.

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Estrellas y otros astros

Bajo las estrellas, el mundo parece mas pequeño y la libertad más inmensa. Bajo las estrellas, la eternidad se eleva, se difumina entre los problemas y despega como olas bajo el viento bravo.

Bajo los lejanos astros, cualquiera tiene derecho a soñar, cualquiera debería imaginar historias lejanas de reyes malvados y princesas con botellas de ron bajo el brazo.

Bajo estos faros, la tez de tu rostro parece más frágil, más pura, menos envenenada. La música resuena como cañones en mi pecho, aunque el silencio avaro te persiga, escucha más allá de esta alma abatida.

Bajo las estrellas, tú mirada levanta montañas y crea vida a su paso. No hay limites. Ni relativos, ni opacos.

Bajo este inmenso lucero, el camino parece menos peligroso, pero igual de arriesgado.

Bajo este manto, no hay más preguntas. Todo está claro.

Sabor a nostalgia

Sabor a nostalgia

¿Es posible que todo fuese mejor antes? Siempre miramos las épocas pasadas con deseo y melancolía como si nos hubiéramos perdido el postre, como si todo lo que vivamos ahora solo será una mala imitación de lo que un día fue. ¿Por qué? ¿Por que mirar atrás y no aferrarnos al presente? ¿Qué tiene de irónica la vida que nos hace desear lo que nunca alcanzaremos?

Quizá haya que tomarnos toda esta aventura menos en serio y reírnos con ella. Aunque duela. Aunque los ochenta molen más, Estados Unidos tenga un yo que sé y París en 1920 sea un fétiche. Todavía estamos a tiempo de ir a conciertos, bailar pegados y enamorarnos. De llevar campanas, ser elegantes y vivir en California. De escuchar a Sam Cooke, desnudarnos con Jagger y odiar las hombreras.

No sé si seremos millenials, generación Z, viejunos en cuerpos jóvenes, niños encerrados en cuerpos “viejos”, nostálgicos empedernidos o modernos de poca monta. Y qué importa. Solo tenemos el ahora, la certeza de que estamos vivos dura lo que tardas en pronunciarlo. Puedes vivir creyendo que no es el mejor momento, pero recuerda que no tenemos otro.

Así que, tú, que luchas cada día por resistir un día más en este mundo, deja de mirar atrás, aprecia lo que tienes y agárralo con fuerza. Algún día alguien escribirá sobre esta época con el mismo fervor que un día lo hicimos nosotros.

Una de esas que te agarra el corazón

Será como un anticiclón, la pura realidad que nos atrapa.

Qué mal nos hace afrontar la verdad, por lo menos, a mi me araña con fuerza en cada una de mis entrañas. Con lo bien que se vive sin mirar a la cara a la praxis, al kit de la cuestión, al ojo del huracán, ese punto final que, a veces, toca firmar.

Siempre tiene que venir esa maldita herida a recordarnos que escuece, que quizá no tenga cura, que esta vez toca cerrar y volver a empezar. Pero, ¿cómo se puede mirar a la vida sin ver a esa persona en todas partes? Sabiendo que al acabar con todo, nunca nada volverá a ser igual, sabiendo que, aunque pase un tiempo y vuelvas a encontrártela, vuestros cuerpos nunca sabrán igual y nosotros seremos distintos, desconocidos que se conocen muy bien. Es jodidamente triste y profundamente complicado despedirse para siempre de esto. Cerrar la historia de amor que un día te hizo volar, te despegó el cuerpo del alma para alcanzar la felicidad más profunda. Sentir todas y cada una de las banalidades que aparecen en las películas baratas sobre amor, sentirlas a todos los niveles en cada rincón de tu cuerpo. Ser el humano más feliz del planeta por verla feliz.

Qué sentimiento extraño y desgarrador es el de amar. Malditos seres pasionales que habitamos el planeta para vivir intensamente, con todo el dolor y con todo el amor que eso conlleva. Quererte siempre será lo más real que he hecho en mi vida. Lejos de los artificios, de los miedos y de las dudas, sabré con toda la certeza que una chica de 23 años puede tener, que te ame con toda la dualidad que mi ser encarna. Con algo de fuerza y mucha valentía. Como solo se puede amar.

My first, my last, my everything

First

No hay nada como una primera vez. La inocencia, el miedo, la ignorancia y, a veces, la ilusión con la que una primera vez se forma, hace de ella un acto que nunca se olvida. Dejad de pensar en guarradas. Hay primeras veces en toda nuestra vida. Desde que decimos entre babas ‘mamá’, hasta la primera calada que exhalas medio ahogado, desde el primer beso, hasta el primer concierto, aunque sea en las fiestas de un pueblo lleno de mamarrachos y borrachos, hasta en el peor momento, las primeras veces son inigualables. Los pocos momentos que quedan de humanidad se contemplan en estos actos de valentía.

Y aquí es donde llego yo, enfrentándome a ella, diciendo tal vez a la vida, utilizando a Barry White para titular esta extraña bienvenida, mostrando aquí lo que queda de mi rebeldía.